Y qué bonito es. El amor, digo. Qué bonito, ¿no? No tener la necesidad de hacer el mal, sino el bien. Hacerle sentir bien. Verlo ilusionado. Que sonría. Porque cuando sueltas los ¨tiene que ser…¨ o ¨ Debería actuar…¨ o ¨Porque no siente…¨, cuando reducimos al máximo estas premisas creadas bajo el yugo de los deseos propios y permitimos a la otra persona SER, bajo la libertad de amarlo así, no hay dudas, porque es simple y lo simple lleva sonrisa, te sienta de maravilla. No aprieta y no estorba, solo hace brillar…